“Quién tiene un amigo, tiene un tesoro”. Absolutamete cierto, no creéis?
Amigos… esas personas que están en nuestra vida desde que somos pequeñitos. Amigos que, incluso y afortunadamente, podemos conservar aún desde aquellos tiempos y que estamos convencidos que son “para toda la vida”. Esos amigos que conocemos pasados unos años de colegio y que se integran en nuestro círculo para quedarse. Los amigos de la adolescencia, los de la etapa universitaria… Y aquellos que aún nos quedan por conocer.
Todos ellos, sean muchos o sean menos, sean los que sean, nos conocen. Incluso tan a fondo, que seamos capaces de vernos reflejados en sus ojos, y que sepan todo de nosotros sin que hagan falta las palabras. Amigos que están ahí siempre y a cualquier hora. A los que llamas a altas horas de madrugada para conversar, para llorar, desahogarte o para contarles la noticia de última hora. Porque, aunque lleves dos minutos sin verlos, ya les están echando de menos.
Amigos para las alegrías, y para los momentos menos alegres. Amigos que están siempre, siempre ahí.
Siempre estáre aquí para vosotr@s.
*Quiero dedicar este post a tod@s mis amig@s porque me siento orgullosa de ellos, porque les quiero y les necesito. Y porque me siento con el deber de agradecerles tantos momentos…
De nuevo, la serie de Telecinco, “Hospital Central”, nos ha brindado otra reflexión comparando las cosas que suceden en la televisión con la vida.
Esto es un día cualquiera en las Urgencias de un hospital normal. Las cosas que pasan aquí pasan en cualquier parte, en cambio en la televisión ocurren por alguna razón, tienen moraleja. En la vida no hay conclusiones, uno no sabe cuándo está haciendo las cosas bien, cuándo las hace mal, dónde está la línea que separa lo bueno de lo malo.
Las alegrías vienen de repente, sin planificar. Los problemas se solcionan…más bien, no se solucionan de una manera mágica como en la televisión. Hay decisiones que no tienen vuelta a atrás, que se toman con todas las consecuencias.
No hay héroes, no hay villanos. De hecho, los buenos y los malos se confunden. Un día odias a unos y al día siguiente los hechas de menos.
La verdad es que en la vida hay momentos que no se pueden explicar a una cámara, ni siquiera escribirlos en un guión o interpretarlos o recitarlos como en el teatro. Lo que quiero decir es que la televisión está muy bien, la vida es otra cosa.
Aquí sigo, compaginando artículos relacionados con Matemáticas y las Nuevas Tecnologías, con reflexiones y cosas que son de interés para mí, y que quiero, por tanto compartir a través del blog con el resto de internautas.
Esta vez, regreso a la música. Los Piratas… os suenan? Digamos que como grupo ya no existen, aunque nos queda Iván Ferreiro (vocalista del grupo). Son uno de los grupos que estoy redescubriendo en esta etapa. Os dejo el vídeo de “M”, es una de mis canciones favoritas del grupo. Me identifico con ella, supongo que el título tiene que ver con mi nombre y eso influye.
El pasado 7 de Noviembre, la serie Hospital Central cumplió 200 capítulos, y una vez más nos volvió a regalar, con una voz en off, un bonito final, unas bellas palabras sobre los sueños, escritas por Manuel Rivas:
Somos lo que soñamos ser y ese sueño no es tanto una meta como una energía. Cada día es una crisálida, cada día alumbra una metamorfosis. Caemos, nos levantamos. Cada día la vida empieza de nuevo.
La vida es un acto de resistencia y de reexistencia. Vivimos, revivimos. Pero todo se sostiene en la memoria. Somos lo que recordamos. La memoria es nuestro hogar nómada. Como las plantas o las aves emigrantes, los recuerdos tienen la estrategia de la luz, van hacia adelante a la manera del remero que se desplaza de espaldas para ver mejor.
Hay un dolor parecido al dolor de muelas, a la pérdida física y es perder algún recuerdo que queremos. Esas fotos imprescindibles en el álbum de la vida. Por eso hay una clase de melancolía que no atrapa, sino que nutre la libertad. En esa melancolía, como espuma en las olas, se alzan los sueños.
Escribo este post con un desfase temporal de cinco meses. ¡Qué desastre! Aunque, como se suele decir “más vale tarde que nunca”.
El pasado mes de Julio hice un curso de verano de la Universidad de León sobre el cómic. Exactamente el nombre del curso era “Viajes al centro del cómic”. Me interesó porque lo único que conocía de los cómics eran “Mafalda”, “Tintín” y “Asterix y Obélix”.
“La engañosa simplicidad del cómic” – Miguel Ángel Muro (Universidad de La Rioja)
Nunca pensé que un curso dejase tanta huella en mí, ya que desde entonces el cómic y la novela gráfica se han convertido en compañeros de estantería de mis novelas habituales.
En un post anterior (“Removiendo el café para comprar tiempo”) hago referencia a una reflexión que escribí en su día basada ( y dedicada, por tanto) en pensamientos que Ismael Serrano plasma en sus canciones. Ahí va:
Si Peter Pan viniera….(A Ismael Serrano)
<<”Tic-tac, tic-tac…” ¡Oh, no! ¡Un reloj! ¡El cocodrilo, el Capitán Garfio, el país de Nunca Jamás, los niños perdidos…!>> Y un regreso a la realidad.
Anoche decidí volver a la infancia, rebusqué en la estantería de películas de Walt Disney que aún conservo y escogí la de Peter Pan. Me preparé unas palomitas prefabricadas en el microondas y me senté cómodamente en el sofá para dedicarme una noche frente al televisor con algo más interesante que la abundancia de programas “basura”.
No recuerdo cuándo fue la última vez que vi esta película. Quizá en casa de mi hermana, con mi sobrino o cuando aún creía en el ratoncito Pérez. No lo sé, pero puedo asegurar que nunca había reflexionado tanto sobre unos simples “dibujos parlanchines”.
Si Peter Pan viniera a buscarnos una noche azul como hizo la última vez que volvió para buscar a Wendy, tendríamos que decirle: <<¡Por favor, no enciendas la luz!>>. No querríamos mostrarle que ya no sabemos volar, que ya no somos los mismos o que acaso somos lo que el tiempo transcurrido nos ha dejado. Tendríamos que decirle que no sabemos cuándo dejamos de ser aquel niño que un día fuimos y dónde lo dejamos, que ya no tenemos sueños, ni metas, ni duelos, ni utopías…,que cumplimos más años que promesas, esas promesas que dejamos atrás cuando crecimos. Ojala pudiésemos convencer a la gente de que en este mundo en el que soñar es peligroso y respirar toda una hazaña, otra realidad es posible , y que es posible mirar más allá del horizonte.
“El todo sólo es igual a la suma de las partes cuando las partes se ignoran entre sí”.
Esta es una frase que se repite varias veces a lo largo de la última novela de Almudena Grandes “El corazón helado”. La frase es una ley física aplicable también a las emociones.
Una forma más de ver que las matemáticas están presentes en todos los aspectos de la vida…
Quiero dar las gracias al inventor o inventora del Twitter!!!
Vaya manera de comenzar el post J
Esta nueva herramienta para los alumnos de MDII y TEM, gracias al taller de Fernando Santamaría, y no tan nueva para algunos de los colaboradores, como es mi caso, sirve para comunicarte, pero con mensajes decaracteres.
Comunicación, intercambio de información, de enlaces, dudas… o simplemente momento de desahogo, de reflexión…una idea al aire…ahí va, al océano de la Web.
¿Existe el destino? ¿Será que realmente todo está escrito? ¿Tenemos voluntad de mover los hilos de nuestra propia vida?
Creo que estas son preguntas que en algún momento de nuestra vida nos acabamos haciendo. Yo, personalmente, creo que las cosas que nos tienen que pasar acaban pasando por mucho que nosotros las evitemos o atrasemos: “el camino bien puede ser diferente, pero siempre se llega a la misma meta”. Creo que todo nos pasa por algo: conocer a una persona, el fracaso, los errores, las decisiones que tomamos…
Voy a poneros un ejemplo que da fe de que no creo en las casualidades como meras casualidades: el pasado mes de Octubre, se instaló en la Plaza de San Marcelo (León) la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, como viene haciendo desde hace unos años.
Como buena amante de los libros, me di una vuelta buscando libros de arte y acabé comprando, entre otros, una novela: “LUCÍA” de Beatriz Anson.
¿Por qué ese libro y no otro? ¿Qué fue lo que realmente me cautivó de ese libro? Quizá fuese la portada (un dibujo de una parte de la cara de una muchacha), el precio (2 Euros), el comienzo de la sinopsis de la contraportada (“Dos ciudades y una mujer: Madrid, Boston, Lucía”. Tan sugerente, tan prometedor…), la energía que transmitía el libro… A lo mejor fue todo esto en su conjunto, aunque creo que fue el destino el que hizo que yo comprase este libro y no otro de entre los miles de ellos que había en la feria.
Y ¿Por qué creo eso? Os estaréis preguntando…
Cuando llegué a mi casa y comencé a leerlo, una mezcla de sorpresa y espanto me invadieron: existía un gran paralelismo entre la vida de la protagonista, Lucía, y la mía propia!! Aún sigo alucinando con ello… ¿El destino? Por qué no…
Hoy ha comenzado un taller de formación para los alumnos de MDII y TEM de la Universidad de León (Curso 07/08). El taller lo está impartiendo Fernando Santamaría, y tanto los alumnos de las dos asignaturas, como los colaboradores/as de ambas asignaturas estamos expectantes y muy interesados.
El taller está organizado para tres semanas (los lunes de cada semana) y cada lunes se verán cosas diferentes que nos servirán a todos para ampliar conocimientos y ponerlos en práctica desde un punto de vista didáctico. El programa a desarrollar es el siguiente: