Quiero dedicar este post a un poeta de nuestro tiempo. Pero no es un poeta al uso, no hace poesía corriente, sino poesía de calle, profunda, sincera, sin tapujos…Es un pintor de imágenes, de paisajes, de sentimientos…pero no usa pincel, sólo palabras y música. Sí, estoy refiriéndome a Joaquín Sabina. No sólo su trayectoria musical es digna de alabanza, sino sus letras. Aquí dejo un poema, extraído del libro de sonetos “Ciento Volando de Catorce”.

PUNTOS SUSPENSIVOS
Lo peor del amor, cuando termina,
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijama con sordina,
la adrenalina en camas separadas.
Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.
Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos.
Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando, al punto final de los finales,
no le siguen dos puntos suspensivos.
J. Sabina